Xavier Gómez-Batiste

Catedrático de Medicina Paliativa. Director de la Cátedra de Cuidados Paliativos. Facultad de Medicina, UVic-UCC. Director científico del programa para la Atención Integral de Personas con Enfermedades Avanzadas. Fundación ”la Caixa”.

Servicios con alma

Las personas tenemos principios, valores y aspectos que dan sentido a nuestra vida, más o menos explícitos o visibles, pero sin los cuales podemos perdernos en los laberintos y retos de la vida cotidiana. En el caso de personas con enfermedades avanzadas, hemos demostrado que aquellas con valores, creencias, principios y percepciones de trascendencia (de cualquier tipo) encuentran sentido a la vida, lo que facilita la adaptación a las dificultades, mejora la resiliencia y también los resultados de las intervenciones terapéuticas.

Estos valores se manifiestan en los comportamientos ante los demás o ante los retos que los profesionales de la salud describimos como propios de la excelencia: respeto, empatía, presencia, compasión, compromiso, escucha activa y muchos otros que son identificados por las personas que atendemos como elementos esenciales del modelo de atención, especialmente cuando atendemos a personas particularmente vulnerables o cuando nos relacionamos con otros profesionales.

Las organizaciones también deben trabajar su misión, visión, objetivos y actividades, pero ninguna de estas dimensiones tiene sentido sin los principios, valores, propósitos y elementos que definen el sentido de su existencia. Se puede definir el concepto de “alma” como aquello que es central y que los incluye, sin la cual los servicios y organizaciones quedan vacíos de contenido.

Esta inversión en valores, principios y elementos esenciales es aún más relevante en organizaciones que atienden a personas, y con mayor razón en aquellas que atienden a personas en situación de enfermedad, especialmente cuando es avanzada o terminal, o cuando las personas presentan una especial vulnerabilidad, fragilidad o sufrimiento, lo que las hace mucho más dependientes del apoyo de quienes las cuidan.

En el caso de organizaciones académicas del ámbito de la salud, también son necesarios estos valores, que pueden consistir en tener como objetivo fundamental de la formación y la investigación la mejora de la calidad de vida de las personas.

Estos valores, principios y comportamientos de compasión han sido fundacionales en la atención paliativa, con el lema de los hospices ingleses «you matter» (es decir, «usted nos importa»), que en Cataluña fue también un lema fundacional de los servicios de cuidados paliativos y del ADN del sistema inicialmente denominado sociosanitario, iniciado en el Hospital de la Santa Creu de Vic en 1987, con el compromiso y la compasión unidos a la competencia como comportamientos centrales.

En la misma línea también destaca la experiencia de los programas sociales de la Fundación ”la Caixa”, centrados en mejorar la calidad de vida de personas en situación de vulnerabilidad y, especialmente, para la atención integral de personas con enfermedades avanzadas, que desde 2008 ha atendido a más de 800.000 personas; así como la atención integral a personas con cáncer practicada por el Instituto Catalán de Oncología descrita con el lema «calidad y calidez».

Estos principios fundacionales requieren evaluación y actualización permanentes, y constituyen elementos cualitativos esenciales de un modelo de atención integral excelente a personas vulnerables, compartido con muchos otros servicios. Sin ellos, se pierde la esencia de los servicios.

Este riesgo es especialmente amenazante en momentos de crisis, cuando los criterios de gestión o liderazgo prescinden de ellos, o cuando se combinan servicios sin tenerlos en cuenta. En estos casos, las organizaciones pueden convertirse en estructuras automatizadas de gestión sin alma, vacías de valores y principios, lo que acaba afectando la calidad de la atención a las personas, que debería ser su eje fundamental.

Muchos profesionales de los servicios sanitarios y sociales tienen estos principios como el eje que da sentido a su actividad profesional y los practican a menudo por encima de muchas limitaciones y situaciones de presión. Son el factor más relevante para mantener su compromiso y resiliencia.

La definición de profesionales “competentes, comprometidos, conscientes, compasivos y cooperativos” lo resume claramente. La dedicación de muchísimos profesionales, que supera con voluntarismo muchas deficiencias estructurales, se basa precisamente en estos valores. Sin embargo, es importante tener en cuenta que este impulso también tiene límites y conlleva el riesgo de burnout o abandono del sistema.

Líderes con valores

Las competencias necesarias para un liderazgo efectivo incluyen múltiples dimensiones: conocimiento de los principios de atención, organización y gestión, evaluación y mejora de la calidad, relación con los grupos de interés, formación e investigación, así como visión y estrategia a largo plazo.

La evaluación y mejora efectiva de la calidad de la atención son un primer elemento fundamental, velando por que el lema «you matter» esté siempre presente, y recordando con frecuencia la misión, valores y principios de una organización asistencial que atiende a personas vulnerables, que son los que dan sentido a nuestra existencia como servicio.

Pero, además, los líderes deben conocer y practicar estos principios y valores esenciales de la atención excelente, especialmente en situaciones de mayor vulnerabilidad, y convertirlos en uno de sus objetivos fundamentales. En efecto, la definición, mantenimiento y mejora de estos principios es una de sus funciones más relevantes, y se manifiesta no solo teniéndolos en cuenta, sino practicándolos en el ejercicio del liderazgo.

Adicionalmente, la función más valorada del liderazgo es la de liderar personas de forma efectiva, lo que implica aplicar principios de respeto, empatía, cooperación, escucha y apoyo a los profesionales. Para ello, son también esenciales los valores personales —los mismos que permiten una atención integral a pacientes y familias— basados en el humanismo y el respeto. Esta base de valores es la que permite ejercer el liderazgo con auctoritas, es decir, una autoridad basada en el respeto y la influencia, que se expresa mediante prácticas como el empoderamiento, la motivación, la aportación de valor, la generosidad y el compromiso con los profesionales.

Este enfoque también es esencial para establecer redes de relaciones profesionales y entre servicios basadas en el respeto y la cooperación horizontal, lo que se conoce como «redarquía». Probablemente sea el elemento más determinante para el éxito de los servicios, especialmente en momentos de crisis y retos complejos, como demostró claramente la experiencia de la COVID-19.

En contraste, la potestas representa una autoridad basada en la jerarquía, que se ejerce mediante órdenes, de forma vertical y poco participativa, con escaso respeto hacia los profesionales. La diferencia entre ambos estilos (“líder” vs. “jefe”) es clara: el liderazgo basado en auctoritas genera equipos cooperativos y organizaciones inteligentes, mientras que la potestas genera desmotivación, desencanto y riesgo de desgaste profesional. Es muy difícil que un liderazgo basado en la potestas genere servicios con alma, ya que carece de la autoridad moral necesaria para promover comportamientos de excelencia.

Alma y valores en el momento actual del Sistema Nacional de Salud

La situación actual del Sistema Nacional de Salud, con retos complejos y relevantes, requiere liderazgos basados en la auctoritas, capaces de motivar a las personas y generar entornos laborales que permitan aportar lo mejor de cada profesional. O, dicho de otra forma, requiere entornos de ikigai (en japonés, «la razón de ser»), donde profesionales competentes y comprometidos atienden con dedicación y compasión, construyendo servicios con alma liderados por personas con sólidos valores. De lo contrario, será muy difícil gestionar con éxito los cambios adaptativos necesarios, especialmente para atender a personas vulnerables, cuya demanda está creciendo de forma exponencial, constituyendo una necesidad urgente a la que debemos dar respuesta.

 

 

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